Lo que se pierde al no hacer la fiesta
“En el 2008, el CEO de una empresa de desarrollo de programas computacionales con cien empleados -llamémoslo Marc- decidió no hacer la fiesta de fin de año. ¿Qué había que celebrar? las empresas que rodeaban a Marc habían caído. Era mejor destinar el dinero a usos más productivos. Sin embargo, para el 2009, el presidente del Consejo Directivo le comunicó a Marc que no debía dejar de hacer la fiesta, porque representaba un uso productivo de unos cuantos miles de dólares.
Marc accedió. Pero después se sintió perplejo. Cada año, durante la fiesta, pronunciaba un discurso visionario e impulsor de la moral respecto a lo que se avecinaba el siguiente año. El problema era que este año ese discurso sería deshonesto. Marc realmente no tenía idea de lo que el 2010 traería. El 2009 fue duro. La empresa de Marc funcionó bien, pero no fue fácil.
Parece ser que el 2010 será mejor, pero ¿cuánto? ¿cómo podía decir a sus empleados que sería fenomenal? eso no reforzaría la moral. Simplemente erosionaría la confianza.
Usted podría pensar que tal vez sería apropiado que Marc no pronunciara ningún discurso. ¿No sería mejor no decir nada en lugar de decir cosas en las que no creía?
Pero no es así.
Marc pasó mucho tiempo pensando qué decir. Después, en un momento de iluminación, entendió por qué estaba teniendo tantos problemas. Estaba preparándose para dar el discurso equivocado.
Estaba intentando inspirar a la gente con una visión. Describir el presente que conocemos puede ser más valioso que describir un futuro desconocido y eso hizo.
Después de su discurso, la gente que se le acercó para agradecerle y felicitarlo fue más numerosa que nunca. Algunas veces la visión inteligente es una imagen clarade la gente que se tiene enfrente”.
Peter Bregman, CEO de Bregman Partners.
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